Los efectos económicos de la guerra

La primera mitad del Siglo XX fue marcada por dos eventos relevantes, la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Con la terminación de ésta última, se llevaron a cabo los Acuerdos de Bretton Woods (New Hampshire, Estados Unidos) y se estableció el idioma inglés y el dólar como elementos indispensables para el comercio internacional. Asimismo, surgió la Sociedad de Naciones, la cual más adelante se convertiría en Naciones Unidas. 

 

En el ámbito comercial, ante el fracaso de crear formalmente la Organización Internacional del Comercio OIC (International Trade Organization ITO), funciona a partir de 1948 el GATT, el cual tomó su nombre del acuerdo que le dio origen General Agreement on Tariffs and Trade, cuya denominación en español es Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (AGAAC).

 

Las negociaciones para la creación de la OIC convocaron a aproximadamente a 25 países. Con el paso de las décadas se sumaron una gran cantidad de Estados, los cuales suman actualmente 164 países. A la par, las Naciones Unidas (51 países fundadores) agrupa ahora a 193 países. Ambas instituciones tienen miras a establecer reglas claras de funcionamiento, intercambio y relaciones entre los países con el propósito de mantener el orden y la paz mundial.

 

No obstante, como sucedió en siglos pasados, las guerras se motivan por conflictos internos, pugnas políticas y económicas entre sus pobladores, o bien de grupos; así como por intereses económicos, políticos, militares y territoriales entre Estados. De estos últimos conflictos, existe una gran cantidad de ejemplos, entre los cuales podemos contar las guerras de Tierra Santa (entre palestinos y judíos), Vietnam (1955-1975), las Islas Malvinas (1982), el Golfo Pérsico Irak, Kuwait, Arabia Saudita e Israel (1990-1991) y Crimea (2014).

 

Sin duda alguna, cualquier guerra tiene efectos devastadores. No sólo para los grupos armados participantes en los distintos bandos de los países o territorios en conflicto, sino también para los pobladores de los territorios invadidos o afectados. Con los medios de comunicación masiva actuales, a través de la fotografía, la televisión y, en general, la comunicación vía internet y telefónica, se pueden conocer rápidamente los estragos y afectaciones en los seres humanos, los cuales son inconmensurables en lo físico y en lo emocional. 

 

Si bien los seres humanos reconocemos la salud, la vivienda, la alimentación y el vestido como algunos de los bienes fundamentales para el desarrollo personal y profesional, lo cierto es que la paz puede estar al mismo nivel que cualquiera de los anteriores. Inclusive, la aparición de una tercera guerra mundial ha sido una gran preocupación de los gobernantes y de los ciudadanos del mundo, sobre todo por los conflictos latentes como pueden ser los conflictos entre Corea del Norte y Corea del Sur; o bien, con la carrera armamentista que diversos países han realizado, entre los cuales se cuentan Estados Unidos, Rusia, Corea del Norte, China e Irán. En éstas, las armas nucleares y de destrucción masiva han proliferado en las últimas décadas, provocando desasosiego entre la comunidad internacional.

 

Las causas de las guerras, como indicamos, son variadas. A principios de este siglo, en 2003, Estados Unidos afirmó que Irak, bajo el mandato de Saddam Hussein, poseía armas de destrucción masiva. Esto generó un conflicto armado a nivel internacional en el cual participaron Estados Unidos y Reino Unido, pero al final de cuentas, sin poder identificar la existencia de dichas armas. No perdamos de vista lo declarado por Katharine Gun, joven traductora, quien laboraba en la agencia de inteligencia de Reino Unido (Government Communications Headquarters identificada por sus siglas como GCHQ) y reveló las sucias estrategias de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos sobre espionaje en la ONU y su búsqueda por generar en el interés público, el apoyo necesario para llevar a cabo la guerra contra Irak, cuya historia incluso hicieron película en 2019, con el nombre de Secretos de Estado (Official Secrets) interpretada por la actriz Keira Knightley. 

 

Ahora, bajo el mandato de Donald Trump, ha sucedido algo similar. El viernes 3 de enero, Trump ordenó el asesinato de Qasem Sleimani, comandante de las fuerzas especiales (denominada Quds) de la Guardia Revolucionaria de Irán, con motivo de inminentes ataques a instalaciones estadounidenses, o bien acciones de dicho general que afectarían los intereses de Estados Unidos. El asesinato se perpetró con nuevas tecnologías, con el empleo de drones, y el remate lo realizó la fuerza aérea estadounidense, para así terminar con la vida de una docena de personas, generando un conflicto internacional entre Irán y Estados Unidos. 

 

Salta a la vista el tiempo en el cual surge el conflicto en cuestión — a la par de que la Cámara de Representantes estadounidense aprobó, el 18 de diciembre de 2019, el proceder con el Impeachment o juicio político de Donald Trump, lo cual genera la suspicacia de si el presidente estadounidense busca distraer la atención enfocada hacia su persona y una manera de lograr esa distracción es a través de una guerra. 

 

Las represalias de Irán, registradas el 8 de enero de 2020, básicamente consistieron en el bombardeo de dos bases estadounidenses en Irak. Si bien es cierto, en un principio, Estados Unidos negó la existencia de víctimas. El 21 de enero, reconoció que 11 soldados sufrieron lesiones y, por tal motivo, diversos militares fueron evacuados y trasladados a Alemania.

 

Frente a ese estado de cosas, la Cámara de Representantes aprobó, el 9 de enero de 2020, con 224 votos a favor y 194 en contra, una “… resolución mediante la cual se ordena al presidente que suspenda el uso de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para participar en hostilidades en contra de Irán o cualquier parte de su gobierno o ejército”. Al tratarse de una resolución concurrente, también debe ser aprobada por el Senado estadounidense, el cual goza de mayoría republicana, es decir, del partido al cual pertenece Donald Trump.

 

Independientemente de si las causas que generaron el conflicto son o no justificadas, lo importante es conocer los efectos causados en los mercados internacionales. Entre los elementos a considerar está el movimiento de personas, mercancías y capitales. En el primer rubro tenemos un evento colateral como parte de las represalias de Irán, consistente en el derribo de un avión de Ukranian International Airlines, vuelo PS752, causando la muerte de 176 personas, entre ellos 82 iraníes, 63 canadienses, 11 ucranianos, 10 suecos, cuatro afganos, tres alemanes y tres británicos. El avión fue derribado, probablemente de manera no intencional, por un misil tierra-aire proveniente de Irán. Al respecto, el presidente iraní, Hasán Rohani, sensible sobre dicho acontecimiento, señaló la importancia de llevar a cabo una investigación exhaustiva y castigar a los responsables de dicha catástrofe.

 

En relación con el movimiento de mercancías y capitales o inversiones, debemos recordar que diversos países, Irán, Francia, Reino Unido, Rusia, China, Alemania y Estados Unidos suscribieron en Viena, el 14 de julio de 2015, un Pacto Nuclear denominado Plan de Acción Conjunto y Completo (en inglés Joint Comprehensive Plan of Action JCPOA), cuyo origen tuvo las primeras negociaciones en 2006, para efectos de limitar la producción de armas nucleares y el financiamiento de actividades militares en otros territorios por parte de Irán. No obstante, el 8 de mayo de 2018, Donald Trump se retiró del acuerdo alegando la falta de cumplimiento del pacto por parte de Teherán. Así, el 5 de noviembre de ese año, aplicó nuevas sanciones económicas a Irán con respecto a la venta de petróleo (uno de los cinco proveedores más importantes del mundo, con una extracción aproximada de 4 millones de barriles al día) y las transacciones financieras que realiza el Banco Central de la República Islámica, el Fondo Nacional de Desarrollo de Irán y la compañía Etemad Tejarate Pars, lo cual, sin lugar a duda, han mermado su economía.

 

Las sanciones económicas no sólo afectan a las empresas relacionadas con la extracción, comercialización y distribución de petróleo, también han tenido efecto en la paridad cambiaria de la monera iraní (rial) frente a otras monedas. Esto perjudica a todos los empresarios que realizan comercio exterior. Por ejemplo, se tiene el testimonio de un emprendedor iraquí (Behzad Veladi, empresario de Tabriz, capital de la provincia de Azerbaiyán iraní) dedicado a la comercialización de baldosas (las cuales vende a clientes iraquíes (exportación)). Anteriormente importaba agua embotellada de Turquía, pero la paridad cambiaria se desplomó e hizo costosa la bebida; consecuentemente, ya no fue rentable su importación para venderla en el mercado iraní.

 

En relación con la paridad cambiaria, se afirma lo siguiente: “producto de la crisis desatada por los conflictos nucleares y el pago de millonarias multas por parte del gobierno iraní. El rial desplomó su valor, de tal modo que el 4 de octubre de 2012 hacían falta 36,000 riales para comprar un dólar”. Al 23 de enero de 2020, la paridad cambiaria era de 42,105 riales iraníes por un dólar y de 46,551 riales por un euro. Para los mexicanos dedicados al comercio internacional, es claro que hemos vivido (sufrido) durante décadas los trastornos de la paridad cambiaria del peso frente al dólar.  En particular, con respecto a las operaciones de comercio exterior, es notorio e indiscutible que los movimientos señalados en el rial iraní afectan severamente la economía de Irán y de sus ciudadanos. 

 

Con lo anterior, es claro que el conflicto entre Washington y Teherán lleva varias décadas. Dicho conflicto presenta riesgos para toda la comunidad internacional ante una eventual tercera guerra mundial. Los efectos económicos sobre Irán se han dejado sentir con las políticas y sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y sus aliados. Todo en aras de limitar la presunta carrera nuclear y armamentista de Irán, lo cual puede ser la justificación perfecta en un mundo necesitado de paz.

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