La Seguridad Patrimonial en Tiempos de Pandemia

Soy un creyente de que el área de Seguridad Patrimonial dentro de la industria cada vez toma mayor relevancia dentro de las estrategias de negocio. Los planes de manejo de crisis, de continuidad de negocios y administración de riesgos y pérdidas deben ser ya parte de los sistemas de gestión de las organizaciones. Esto para poder prepararse y organizarse de forma ordenada y sistemática ante cualquier eventualidad que se pudiera presentar en los diferentes escenarios de riesgos.

 

Hoy en día, tener conciencia de las vulnerabilidades presentes en las organizaciones es fundamental. Si bien, no todas pueden ser eliminadas, definitivamente es inaceptable no contar con los procedimientos correctos para identificarlas y crear las medidas de control que, al menos, procuren su contención en caso de presentarse. Hoy más que nunca es lamentable seguir escuchando empresarios u organizaciones que piensan que la gestión de riesgos y la administración de pérdidas son gastos que prefieren ahorrarse y “ya verán que hacer si algo pasa”. Los tiempos actuales están demostrando que carecer de dichos planes no solo incrementa la vulnerabilidad de las organizaciones, sino se vuelven condena de muerte ante las adversidades.

 

El desafortunado momento que estamos viviendo hoy, derivado de la crisis pandémica del COVID-19, ha puesto en jaque al mundo entero. Esta situación nos ha dejado de manifiesto que, ante las grandes crisis, las reacciones asertivas se vuelven esenciales y el conocimiento de la resistencia de nuestros negocios es fundamental. Es justo en estos momentos que los profesionales de la seguridad debemos, absolutamente, dar visión a las organizaciones del ambiente nacional. Si bien es cierto, en este momento aunado a la crisis sanitaria se ha gestado la crisis económica, al menos en México, la complejidad circunstancial tendrá otras aristas que demandarán nuestra atención.

 

Realmente ningún país estaba preparado para hacer frente a una situación como la que el mundo vive en estos momentos, pero había países que eran mucho más vulnerables y México era uno de ellos. El nuevo modelo político nacional había apostado a un esquema de austeridad reduciendo el gasto de servicios como, para sorpresa de muchos, en el sector salud. Este modelo había generado incertidumbre y por tanto detuvo las inversiones y el crecimiento, lo cual nos da las condiciones exactas para la tormenta perfecta. La situación pandémica solo avivo el fuego de una crisis ya iniciada.

 

Hoy más que nunca, el profesional de la seguridad patrimonial debe ser capaz de realizar análisis de riesgos, no solo de la compañía per se, sino de forma globalizada y atendiendo a diferentes factores. El mundo está cambiando y ya no hay tiempo para apuestas ligeras; los análisis de riesgo deben dar toda la información requerida para que las altas direcciones puedan tomar decisiones correctas. Hoy en día, la certidumbre que inyecte el área de seguridad patrimonial a los negocios es fundamental.

 

Cuando hablamos de revisar y analizar los riesgos de forma globalizada, nos referimos a todos esos factores y detalles que pudieran estar gestando cambios, no necesariamente de gran magnitud, pero sí suficientes como para lanzar la gran pregunta: ¿las fórmulas que nos han resultado al día de hoy seguirán siendo eficientes ante los nuevos tiempos y circunstancias? Puedo apostar que muchas de las formas que al día de hoy nos habían dado resultados correctos tendrán que ser reajustadas o redireccionadas con el objeto de adaptarlas y con ello evolucionar. El mundo está cambiando y si no lo hacemos junto con él, estamos destinados a la extinción

 

Cuando me preguntan respecto a las adaptaciones o reingenierías que debemos aplicar a la cadena de suministro en temas de seguridad, yo les contesto que los esquemas de protección a esta operación deben ser replanteada, ya que, al menos en estos tiempos de pandemia, contingencia y crisis, las evaluaciones de amenazas ya no llevan solo el principio de “valor económico” en la ecuación de riesgo – los temas de impacto, severidad y frecuencia toman hoy más que nunca una importante relevancia. Ejemplificaré un caso de análisis de forma muy sencilla para aclarar estos conceptos.

 

Sabemos que desde hace tiempo el robo a transporte de carga se ha incrementado sustancialmente en México en los últimos años. Según diferentes firmas de seguridad, custodias y monitoreo satelital, sabemos cuáles son las zonas “más calientes” en el país para la ejecución de este delito. Siendo que en situaciones normales la evaluación de este riesgo llevaba un componente muy fuerte respecto al “tipo de mercancía” y de allí partíamos hacia los modelos de prevención, control o protección, todo bajo un ambiente “controlado”; pero hoy se están generando situaciones que agregan otros componentes a la evaluación. 

 

Pensemos en esto: uno de los impactos negativos más fuertes de la pandemia incide directamente en el escenario económico; miles de empresas tuvieron que cerrar como medida de contención para evitar la propagación del virus COVID-19. Estos cierres propiciaron a que los patrones tuvieran que hacer recortes de personal o disminuir el ingreso de sus trabajadores, hubo algunos que han intentado mantener sus plantillas completas sin lastimar los ingresos, las cuales son la minoría y en algún momento impactará negativamente a la organización. El punto es que el poder adquisitivo se está viendo seriamente afectado hacia abajo, pensemos en el entorno de México. Básicamente existen dos grupos de personal económicamente activos, los formales, quienes pagamos impuestos, y los informales, quienes no los pagan, además, y tengo que mencionarlo, quienes viven de la delincuencia. Todos estos grupos se verán afectados.

 

Aun cuando la contingencia se levante, la recuperación económica y la recuperación de empleos tardarán en estabilizarse al menos un año, en un pronóstico muy optimista. Durante este tiempo, aquellos que perdieron su empleo seguirán teniendo necesidad de adquirir productos básicos como ropa, comida, artículos de limpieza, etcétera; sin embargo, estas personas buscarán dichos artículos, pero de ser posible, a precios sustancialmente más bajos. Triste pero honestamente sabemos que, en nuestra cultura y sociedad, la procedencia de muchos de los artículos obtenidos en la informalidad no es cuestionada. Regresando al punto de productos de bajo precio, esta necesidad de satisfacer esta necesidad muy posiblemente engrose la oferta de los ya existentes mercados negros. Esos mercados paralelos que sin los costos de publicidad y producción pueden ofrecer estos productos que, si antes no eran cuestionados, ahora lo serán menos, evidentemente esos mercados negros, pudieran ser abastecidos por el robo a transporte y la informalidad. 

 

Quizá no se visualice del todo qué hace diferente el antes del ahora si esto siempre ha sucedido. Trataré de explicarlo, lo delicado y crítico de esto es que hacia atrás el robo se daba de forma sistemática y para abastecer ciertos mercados, hoy debemos de entender que una de las amenazas va en función de la rapidez con la que se reactive la economía y se recuperen los empleos, pues entre más se “acostumbre” la gente a esos mercados “alternos” de bajo costo, mayor será la severidad y frecuencia al robo de transporte. 

 

Hoy cualquier cargamento puede tener el “potencial” de abrir nuevo mercado (negro) y si a esto le sumamos que al menos en este momento solo las empresas “esenciales” están operando, significa que básicamente todo cuanto este corriendo en carretera pudiera ser “producto de primera necesidad”. Esto aumenta la vulnerabilidad de casi todo transporte en carretera; por lo tanto, las estrategias de protección ya no solo obedecen a la necesidad de proteger el valor del producto transportado, sino de monitorear el entorno político, económico y social que nos irán marcando las pautas de intensificación de la delincuencia y en la misma proporción de la protección. En este momento, el costo se vuelve relativo, ya todo pudiera ser apetecible, incluso el combustible; el huachicoleo como se le conoce pudiera tener un repunte dada la necesidad de mantener la movilidad de muchas familias a bajo costo.

 

Daré otro ejemplo que complementa al anterior. Hablábamos de pérdida de empleos y reducción del poder adquisitivo, ahora agregaremos a la ecuación de riesgo a “los adictos funcionales”, personas que son dependientes de algún tipo de estupefaciente o droga para el desempeño “normal” de sus actividades. Estas personas al ser dependientes necesitan consumir de forma imperiosa aquella sustancia que les permite mantenerse “bien”, pero ya dijimos que, o pudieron haber perdido su empleo o alguna reducción en sus fuentes de ingreso”, en todo caso pudieran verse afectados en la adquisición de estos productos y quizá muchos de ellos tuvieran que delinquir para obtener los recursos necesarios para hacerse llegar de estas sustancias. Es por esto por lo que el crimen común como robo a transporte, de autopartes, de autos, a transeúntes, comercio y casa habitación pudieran incrementarse. Pero aquí no para, los grupos criminales también verán afectados sus ingresos por la caída del narcomenudeo y para poder seguir operando pudieran moverse o incrementar sus actividades en el robo de combustible y transporte que ya mencionamos o peor aún en delitos de alto impacto social.

 

Sin querer generar pánico, aunque los análisis de riesgo y amenazas se conceptualizan en función de escenario más crítico, y que de verdad deseo no lleguemos a él, espero poder haber transmitido el concepto de que en estos tiempos los criterios para analizar riesgos, incluso en la cadena de suministro, no se deben limitar solo a un transporte, un producto y un camino, sino que en estos momentos las amenazas se van entretejiendo conformando una complejidad que para poder desbaratar y enfocar los recursos de forma correcta es imprescindible poder dar lectura a todos los factores y actores involucrados en este momento. La situación económica, política, social, sanitaria y laboral están en este momento sumamente enlazadas y cualquier cambio en cualquiera de ellas tendrá una repercusión en las demás obviamente dando diversas estructuras a los temas de inseguridad.

 

Hoy más que nunca es necesario asesorarse de diferentes fuentes que nos ayuden en poner en contexto y darles dirección correcta a nuestras estrategias, sobre todo para no sobrevaluar o devaluar sino siempre mantener la correcta dimensión a los cambios que se van presentando, sin olvidar que hoy más que nunca nuestra velocidad de reacción, cambio y adaptación es fundamental en la gestión de riesgos y administración de pérdidas.

 

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