México, ¿En riesgo de perder su grado de inversión en el 2020?

En meses recientes se ha escuchado acerca de la posibilidad de que nuestro país pudiera perder su grado de inversión, ya sea en el año 2020 o 2021. Aunado a lo anterior, debe considerarse que México ha obtenido calificaciones bajas en meses recientes por el tema de PEMEX. En este sentido, analizar el concepto de grado de inversión a nivel de país involucra un tema relevante sobre todo en el ámbito económico internacional pues el mismo resulta ser un indicador valioso para el ámbito de la confianza internacional, ya que se le toma como un elemento adicional orientador y referencial que es utilizado para atraer inversión extranjera hacia un Estado. Máxime que muchos inversionistas extranjeros (y posiblemente nacionales) toman en cuenta las calificaciones que se hacen a nivel internacional para decidir si arriesgarán su dinero en determinado lugar del mundo.


Consideraciones generales.

En términos generales, el grado de inversión para un país se refiere a la calificación que se otorga al mismo mediante el cual se evalúa su capacidad para pagar y hacer frente a sus obligaciones económicas. Para ello, se evalúan factores tales como la deuda, así como otros elementos de corte macroeconómico, político e institucional.


El concepto de grado de inversión soberano que es dirigido a países implica por ende una calificación, clasificación, al mismo tiempo que implica un indicador que las agencias calificadoras internacionales normalmente aluden como adicional y, a través del mismo, un Estado refleja cómo se comentó su capacidad de pago frente a la deuda y obligaciones que ha asumido. La clasificación del grado de inversión se lleva a cabo por medio de evaluaciones y análisis que realizan agencias calificadoras internacionales tales como Standard & Poors, Moody´s y Fitch Ratings, las cuales se encuentran entre las más renombradas a nivel internacional. 


Normalmente para realizar y analizar el grado de Inversión de un país, se consideran entre otros aspectos los siguientes:

  • Historia económica reciente
  • Deudas contraídas por el país
  • Inflación
  • Equilibrio fiscal
  • Finanzas públicas
  • Crecimiento o decrecimiento del Producto Interno Bruto (PIB)
  • Nivel de reservas con que cuenta el país en cuestión
  • Pagos que ha realizado a sus obligaciones económicas
  • Aspectos sociopolíticos del país que incidan en la capacidad de un gobierno para hacer frente a sus obligaciones
  • La protección ofrecida a las obligaciones de los países en caso de quiebra y otros hechos que pudiesen afectar los derechos de los acreedores.

Roberto Vázquez Burguillo indica que existen en general dos categorías de calificación crediticia que se usan internacionalmente y que son a saber:


  1. Investment grade: Implica que el país posee un grado de inversión adecuado y bueno.

Esta modalidad aplica para los Estados que tienen grado de inversión y, en términos generales, son países que han aportado datos e información adecuada para los mercados financieros. Dicha información, de acuerdo con las calificadoras internacionales, permite anticipar, por ejemplo, que se pagará la deuda más los intereses, de ahí que es altamente probable que el país en cuestión tenga un desempeño financiero y económico adecuado que le permitirá asumir sus obligaciones con relación a la deuda contraída. 

  1. Non investment grade: Grado donde existe riesgo a la inversión.

El grado especulativo que conceden las calificadoras internacionales refiere que a su juicio existen elementos y datos suficientes para considerar que hay probabilidades de que un país podría no cumplir con el pago de sus obligaciones y compromisos financieros en términos muy generales. 


De acuerdo con Antonio Sandoval, los emisores con grado especulativo tienen incluso varios niveles, desde aquellos que tienen cierto nivel de certidumbre hasta aquellos que tienen nulas probabilidades de pagar, los emisores de los llamados “bonos basura“. Lamentablemente, la distancia entre unos y otros es mínima, por eso muchas veces se le suele considerar a la denominación “especulativa” y “basura” como similar.


La calificación de las agencias de valores puede resumirse en lo siguiente: aquellos emisores (empresas o gobiernos federales, estatales, municipales), que tienen certeza respecto a la capacidad de pago de sus compromisos financieros, y los que son potencialmente insolventes, es decir, pueden dejar de pagar y/o cumplir con sus obligaciones financieras. En palabras más coloquiales, unos son los buenos pagadores y otros son los que pueden caer o están en quiebra.


Las categorías de investment grade que establecen de manera general las calificadoras son las siguientes:

  • Capacidad de pago muy fuerte, para Moody’s el rating es el Aaa y para S&P y Fitch es el AAA.
  • Capacidad de pago fuerte, para Moody’s el rating es el Aa y para S&P y Fitch es el AA.
  • Capacidad de pago buena, para todas las agencias es el A.
  • Capacidad de pago adecuada (Pueden existir riesgos en el medio/largo plazo), para Moody’s el rating es el Baa y para S&P y Fitch es el BBB.

En consideración de la Agencia Moody´s, todos los emisores dentro del mismo entorno soberano están expuestos en cierta medida a la transmisión de choques entre sectores de la economía y al sistema bancario doméstico. Además, son sujetos de acciones soberanas defensivas que pueden incluir medidas de austeridad, cambios en las políticas tributarias o regulatorias e interferencia durante una crisis. El estrés financiero en otros sectores puede ocurrir a través de una serie de canales como son: 

  • Desaceleración o contracción de la actividad económica.
  • Restricciones de liquidez y costos de financiamiento más altos que resultan de una menor confianza de los inversores y de disponibilidad de créditos.
  • Salidas de capital que conduzcan a una crisis cambiaria y/o del sistema bancario.
  • Medidas de austeridad por parte del gobierno que reduzcan o retrasen los pagos del gobierno y que puedan reducir el nivel general de actividad económica.
  • Cambios desfavorables o restricciones a movimientos del tipo de cambio, tasas de interés o niveles de precios.
  • Interferencia del gobierno o cambios en la regulación, y cambios en políticas tributarias.
  • Mayores riesgos de incertidumbre política y conflictos laborales.

Consecuencias de perder el grado de inversión para los países.

En particular y en la hipótesis de que a un país se le reduzca su grado de inversión, se pueden llegar a encontrar con situaciones tales como: 

  • Aumento en el costo de financiamiento para el país emisor de instrumentos financieros en los mercados internacionales.

En esta situación, los países emisores de instrumentos financieros como bonos de deuda deben pagar una mayor tasa de interés a los inversionistas por la colocación de sus documentos en los mercados, a estos instrumentos se le suelen denominar “bonos de alto rendimiento” o High Yield. Tal concepto no implica ni significa necesariamente que no existan inversionistas para dichos instrumentos internacionales; no obstante, es un hecho que resulta necesario que el país emisor pague un mayor costo a los inversionistas por el riesgo que representan sus instrumentos financieros. Un aumento en el costo implica que el mismo impactará probablemente en las finanzas públicas de los países, ya que deberán encauzarse mayor cantidad de recursos económicos para el cumplimiento de los compromisos financieros con los inversores.


En México, tal situación pudiera afectar en la renegociación de la deuda en el futuro próximo, en el supuesto de que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público quiera colocar nuevos bonos para financiar compromisos de deuda externa más antigua.

  • Mayor dificultad para poder acceder a los mercados para el financiamiento de los países.

La presente consecuencia se encuentra íntimamente vinculada con el punto anterior. Si un país sufre rebajas en su grado de inversión, naturalmente tendrá problemas para poder colocar sus instrumentos financieros de deuda en los mercados internacionales.

  • Dificultad de los países para encontrar fuentes de crédito o vías de financiamiento a nivel internacional, es decir, no habrá muchos bancos u órganos financieros internacionales dispuestos a prestar dinero a países que pierdan su grado de inversión. 
  • Temor entre los inversionistas de invertir en un país que tenga problemas de calificación, ya que lo que más desean es colocar su capital en lugares seguros con poco riesgo económico.
  • Naturalmente, al no existir el flujo de capital extranjero, las inversiones en los países para crear empresas, empleos y generar obra privada o pública se retrasan o postergan para otros momentos.

Riesgos de Inversión para Latinoamérica en el 2020.

  • Brasil.

En general, se estima que las calificaciones de riesgos para Brasil de sus evaluaciones permanecerán casi en los mismos términos en que han sido señalados en años recientes, es decir, el país amazónico tendrá que hacer frente a una caída de su Producto Interno Bruto en este año, así como a mayores gastos públicos que se van a producir como efecto del Covid-19 y por el endeudamiento público que ha tenido el gobierno. En este contexto, la Agencia Calificadora Stantard & Poor´s, en el mes de abril del año corriente, redujo la perspectiva de la nota de la deuda pública brasileña de “positiva” a “estable”. Tal situación obedeció a que la agencia en comento ha referido que no tiene la intención de cambiar la calificación de dicho país en los próximos dos años. En términos generales se citan tres factores para justificar la decisión: el primero fue la desaceleración o caída del Producto Interno Bruto (PIB) de Brasil en el presente año, esencialmente debido al empeoramiento de la crisis causada por la pandemia de coronavirus; el segundo factor obedece al aumento del gasto público para enfrentar la COVID-19 y evitar despidos masivos y en tercer lugar los gastos más altos que aumentan la deuda pública en Brasil.

  • Argentina

En términos generales, se estima que Argentina enfrentará problemas de riesgo de inversión como país atendiendo sobre todo a aspectos relacionados con la renegociación y el manejo de la deuda, así como al seguimiento de la política fiscal. Juan Gasalla menciona que Standard & Poor’s rebajó la calificación crediticia de Argentina a “Default Selectivo” desde “CCC”, teniendo en cuenta la decisión del Gobierno de Alberto Fernández de postergar el pago de deuda emitida bajo ley local. S&P agregó que podría poner la calificación de la deuda de Argentina en “default” una vez que el Gobierno finalice los términos para una posible reestructuración de deuda. La decisión de la calificadora también refleja las desfavorables dinámicas de deuda y el perfil fiscal del país, una volátil tasa de cambio, además de una elevada inflación y una profunda recesión económica. Asimismo, Fitch Ratings rebajó la calificación crediticia en moneda extranjera de Argentina a “Default Restringido” desde “CC”, tras el retraso de pagos de la deuda en dólares bajo ley local por parte del Gobierno.

  • Chile.

Joydeep Mukherji, líder de análisis de calificación soberana de S&P Global Ratings, advierte que Chile es una pequeña economía abierta que depende en gran medida de las tendencias mundiales. Por lo tanto, sufrirá una recesión económica este año y se recuperará el próximo, algo similar a las expectativas de lo que ocurrirá en la economía global. Una caída de esta magnitud perjudicará a todos los sectores de la economía, ya que no se trata de una recesión tradicional. A pesar de ello recuerda que Chile tiene la calificación más alta de América Latina (A+), eso significa que S&P cree que dicho país tiene una amplia flexibilidad monetaria, cambiaria y fiscal para responder a la crisis. Se manifiesta que las autoridades chilenas están implementando políticas económicas que son similares a las políticas que se observan en otros países desarrollados. A diferencia de diversos países de América Latina, se dice que Chile tiene la capacidad de utilizar el estímulo de la política fiscal sin dañar seriamente sus finanzas públicas y puede usar una política monetaria expansiva sin riesgo serio de inflación o inestabilidad económica.

México.

Ariane Ortíz-Bollin, Vicepresident Analyst y Analista líder de México de Moody´s Investors Service, aseguró que, a pesar de la reciente baja de la calificación soberana de México y de Petróleos Mexicanos (Pemex), en su consideración no hay riesgo de que el país pierda su grado de inversión. Lo anterior lo refirió precisando que la calificación soberana de México es Baa1, con perspectiva negativa; es decir, que está a tres escalones por arriba de grado especulativo y la actual nota implica que hay riesgos a la baja y que la calificación puede bajar aún más. Para Moody’s, el nivel de deuda de nuestro país es relativamente bajo, aún es manejable para la fortaleza del soberano; tiene una economía grande y diversificada y no hay todavía desbalances macroeconómicos importantes. Éstos son puntos en favor por los cuales el país no perdería su grado de inversión; sin embargo, enfatizó que para que la calificación soberana de México llegue otra vez a estable o positiva, se requiere un cambio que se refleje en señales de inversión para fomentar el crecimiento económico.


Por su parte Standard & Poors refirió en el mes de marzo de 2020 que se recortó la calificación soberana de México atendiendo a los efectos negativos del coronavirus, además de estimar una contracción económica para este año de hasta 2.5 por ciento. En su reporte, la calificadora informó que recortó la nota soberana desde “BBB+” a “BBB” y mantuvo la perspectiva en negativa. En su análisis, la calificadora refirió que se prevé un impacto pronunciado sobre la economía mexicana, derivado de la combinación de shocks del Covid-19 tanto en México, así como en Estados Unidos, su principal socio comercial, teniendo en cuenta además una caída en los precios internacionales del petróleo. Por lo que esos shocks, aunque temporales, empeorarán la  débil dinámica de la tendencia de crecimiento para el 2020-2023 que refleja, en parte, menor confianza del sector privado y el poco dinamismo de la inversión.


Atendiendo a lo señalado en líneas anteriores, puede señalarse que nuestro país, si bien en estos momentos no ha perdido el grado de inversión como destino de las inversiones, lo cierto es que resultaría adecuado realizar algunos ajustes que inclusive han sido delineados en los párrafos anteriores, lo cual se podría traducir en:


  • Reestructurar el enfoque económico privilegiando inversiones extranjeras y nacionales.
  • Realizar ajustes fiscales que simplifiquen el esquema tributario.
  • Otorgar estímulos fiscales y administrativos que favorezcan el desarrollo económico de nuestro país.
  • Inversión en infraestructura en puertos, aeropuertos y carreteras que favorezcan el desarrollo del Estado mexicano.
  • Cuidar el manejo del gasto público.
  • Administración adecuada y equilibrada de variables económicas tales como inflación, deuda pública, gasto, etc.
  • Promover la recuperación del empleo en México.

Conclusión.

Si bien puede indicarse que la calificación que se otorga a un determinado país, mediante la cual se evalúa su capacidad de pago y de hacer frente a sus obligaciones económicas se traduce en un grado de riesgo para la inversión, no es menos cierto que México tiene la oportunidad de poder realizar ajustes que le permitan ser mejor evaluado como destino para las inversiones extranjeras y nacionales. En este contexto, realizar las adecuaciones pertinentes en la estructura legal, administrativa y financiera, tales cuestiones abrirían tal vez la posibilidad de ser un país que capte mayor cantidad de recursos económicos y mejorar con ello la situación económica de esta nación.

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