Los precios del petróleo: la tormenta perfecta

La falta de acuerdos entre Rusia y Arabia Saudita con respecto a los volúmenes de producción de petróleo aunado al exceso de inventario de dicho insumo y sus productos derivados alrededor del mundo, tales como la gasolina, han causado una producción excesiva a nivel mundial. Por otro lado, la ralentización de la producción de China a finales de diciembre de 2019 y el primer bimestre de 2020 con motivo de la pandemia identificada como Coronavirus Covid-19 ha afectado la operación normal de las industrias, comercios y prestadores de servicios. Además, el escalonamiento del contagio a nivel mundial ha causado que los efectos de la pandemia se hayan alargado hasta el tercer trimestre del presente año y por consecuencia, la situación económica de los países ha sido gravemente impactada; habiendo un mayor gasto en aspectos sanitarios, hospitalarios y de otra índole, así como gastos no previstos. Todos estos elementos condujeron, en conjunto, a la tormenta perfecta.

 

Durante el pasado febrero, se conoció la falta de acuerdo entre Rusia y Arabia Saudita, dos de los mayores productores de petróleo, limitando la producción del mismo con la finalidad de evitar un descenso en los precios, bajo el concepto de que los consumidores industriales no podrían recibir más producto, con motivo de un descenso en el consumo provocado por la pandemia, la cual podría ser del rango del 19% durante el primer trimestre de 2020. Razón suficiente para justificar un recorte en la producción de petróleo en 1.5 millones de barriles diarios y por qué los recipientes de almacenamiento de proveedores y consumidores industriales estaban a punto de saturarse, producto de esa ralentización económica.

No perdamos de vista que una parte significativa del transporte de personas y mercancías se realiza por medio de vehículos automotores, los cuales consumen en su mayoría gasolina y diésel; asimismo, otra diversidad de industrias requiere de sus productos derivados, de ahí la importancia del petróleo y su refinación. Desde principios del siglo pasado, se ha identificado a México, como un fabricante de petróleo. Incluso, uno de los eventos relevantes en la historia fue la expropiación petrolera (nacionalización, del 18 de marzo de 1938), a fin de que el gobierno federal se hiciera cargo de la exploración, explotación, producción y comercialización del petróleo y sus derivados.

 

En el escenario mundial, una crisis petrolera que sacudió a la comunidad internacional e incrementó significativamente los precios del petróleo sucedió hacia los años setenta del Siglo XX. Durante estas fechas, los países productores de petróleo integrados en la OPEP Organización de Estados Exportadores de Petróleo impusieron un cambio al alza para los precios del crudo. Como resultado, el precio del barril en 1960 era de USD$1.80; para enero de 1973 se ubicaba en USD$2.59; y en diciembre de 1973 fue de USD$11.65, con lo cual registró un incremento de casi cinco veces su valor. 

 

La OPEP fue reconocida por la Organización de las Naciones Unidas hasta 1962 y tiene su sede en Viena, Austria. Su creación se orienta a la necesidad de controlar el despilfarro económico de un recurso limitado como el petróleo. Así, “el objetivo de la OPEP es coordinar y unificar las políticas de los países miembros en relación con la producción de petróleo para así garantizar precios justos, estables y un abastecimiento eficiente, económico y continuo que satisfaga las necesidades de los países consumidores”.

 

Con base en lo anterior, la OPEP establece políticas, criterios, lineamientos y realiza ajustes para controlar la oferta y demanda de petróleo. Existe una gran diversidad de tipos de petróleo, dependiendo de sus características y mercado, entre los más relevantes encontramos: 

 

    • Brent petróleo empleado en el mercado europeo con 39.6 grados API y 0.39% de azufre. 
  • West Texas Intermediate (WTI) petróleo utilizado en el mercado estadounidense, considerado de alta calidad con 39.6 grados API, por encima del Brent por su baja cantidad de azufre (0.24%), suele cotizar más que el Brent. 
  • Dubai petróleo de baja calidad, considerado como pesado con 31 grados API y con un alto contenido de azufre (2.04%)
  • Arab Light entre 1950 y 1981 fue la referencia mundial del precio del petróleo, se trata de un crudo medio, con 34 grados API y un contenido de azufre de 1.78%, su producción es significativa, con más de cinco millones de barriles diarios. 
  • Cesta OPEP fija el precio del barril, un día después, con base en los precios de distintos tipos de petróleo, como los provenientes, entre otros, de Argelia, Emiratos Árabes Unidos, de Arabia Saudita, Dubai, Venezuela y México, se trata de petróleo de calidad media-baja.
 

En cuanto a los precios del barril del petróleo mexicano, comúnmente escuchamos referencia al precio del barril de la mezcla mexicana. Lo anterior deriva de la producción de distintos tipos de petróleo y obvio de la mezcla de sus distintos precios. Al respecto, México produce tres tipos de crudo: el Maya-22, calificado como pesado con 21.85 grados API y 3.70% de azufre, constituye casi la mitad del total de la producción; el Istmo-34, identificado como ligero, con 33.74 grados API y bajo en azufre  con 1.45%, representa casi un tercio del total de la producción; y el Olmeca-39, ubicado como extra ligero, con 39.16 grados API y 0.81% de azufre, comprende aproximadamente la quinta parte de la producción total.

 

Con base en la descripción de grados API y cantidad de azufre, sin desconocer que existen una mayor cantidad de características para distinguir los tipos de petróleo (viscosidad, carbón, cenizas, insolubilidad, aceites, parafinas y resinas), resulta claro entender las distintas calidades de petróleo, así como la diferencia de precios entre el WTI, Brent y la mezcla mexicana, donde el primero observa un precio mayor con respecto al último.

 

En términos generales, los precios del petróleo durante el Siglo XXI han observado importantes variaciones, como podrá observarse a continuación:

Con motivo del exceso de oferta e inventarios, combinado con la falta de demanda y de acuerdos para reducir significativamente la producción. Recordemos que hasta el pasado marzo, Rusia y Arabia Saudita no habían llegado a un acuerdo para imponer límites a la producción de petróleo y fue hasta abril de este año, cuando los países de la OPEP llegaron a un acuerdo. Lo anterior motivó que los precios del petróleo durante 2020 observaran un drástico descenso, según se observa en las siguientes tablas:

Como resultado de la baja significativa de los precios del petróleo, un acuerdo de reducción de los integrantes de la OPEP y demás países productores era indispensable para reducir la producción mundial en un 23% y limitarla a 9.7 millones de barriles por día para mayo y junio de 2020, a 7.7 millones para el segundo semestre de 2020, a 5.8 millones para 2021 y extenderlo hasta abril de 2022. No obstante, será revisado en junio de 2020 y diciembre de 2021. Lo anterior, con el propósito de únicamente satisfacer el consumo, el cual ya fue afectado por la pandemia, la cual prolongará los contagios en diversas partes del mundo durante todo 2020; las consecuencias económicas y reversión de las afectaciones, según dichas estimaciones, se extenderán hasta 2022. 

Así, la exigencia para México era limitar la producción de petróleo en un rango de 350 mil a 400 mil barriles diarios, con lo cual no estuvo de acuerdo. En cambio, Rocío Nahle, titular de la Secretaría de Energía, expresó el compromiso de un límite de sólo 100 mil barriles. Motivo por el cual se requirió del auxilio de Estados Unidos, a pesar de que las empresas petroleras pertenecen al sector privado. No obstante, Donald Trump se comprometió a reducir la producción estadounidense en 250 mil barriles, a fin de completar la cuota exigida a México, lo cual fue aceptado por los integrantes de la OPEP, en razón de que Estados Unidos es actualmente el mayor productor de petróleo.

 

Por otra parte, para México, cada año para efectos de las políticas públicas, de los ingresos y gastos del Estado, resulta fundamental establecer un precio aproximado del petróleo durante el ejercicio. Esto, como se observa de la tabla anterior y de los eventos descritos en este artículo, es realmente difícil debido a las importantes variaciones observadas en los últimos 50 años. Así, para el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2020 se estimó un precio de 49 dólares promedio. Así como en años anteriores, resulta de vital importancia obtener un esquema de cobertura, es decir, contratar una especie de seguro, el cual se ejecuta si el precio del petróleo observa un decrecimiento significativo. Tampoco perdamos de vista que las coberturas tienen un costo para el gobierno federal, a pesar de ser contratado por Pemex.

México realiza las coberturas petroleras desde 2001 y, para 2020, es posible que, bajo una estimación del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), la falta de ingresos por concepto del petróleo sean cubiertas en aproximadamente 87% con dichas coberturas, algo así como 150 mil millones de pesos; y que la parte restante se obtenga del Fondo de Estabilización de los Ingresos Petroleros (FIEP). Por esta razón, el presidente de la República se atreve a afirmar: la caída de los precios del petróleo no afectarán sus decisiones de gobierno.


Los precios del petróleo han observado durante 2020 una caída estrepitosa, básicamente por la ley de la oferta y de la demanda, un problema derivado del exceso de producción, así como de la existencia de inventarios de petróleo. Adicionalmente, el consumo de petróleo y sus derivados se han visto afectados desde diciembre de 2019 con la aparición de la pandemia, la cual afectó primero a los países asiáticos, después a los europeos y africanos, seguido finalmente por los americanos. Dicha afectación económica es probable que se extienda por mucho tiempo, como lo plantea lo OPEP, hasta 2022. Al extremo de plantear, se trata de una crisis económica superior a la surgida en Estados Unidos de 1929 a 1933, la cual se extendió a todos los países industrializados y sus efectos duraron hasta 1940.


Ahora en México, ante la situación económica adversa: 

  1. La negativa del presidente de la República de aceptar un pacto nacional en el cual participen las cámaras y confederaciones de industriales, productores agrícolas y agroindustriales, comerciantes y prestadores de servicios. 
  2. La negativa de proporcionar un alivio en las cargas fiscales con el diferimiento del pago de impuestos para personas morales, entre ellas, los pagos de aportaciones de seguridad social al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y al fondo de la vivienda (Infonavit); 
  3. La obligación del pago de salarios por parte de los empresarios, al menos durante abril y mayo de 2020, a pesar del cierre de sus industrias y negocios por la cuarentena. 
  4. La baja en los ingresos petroleros, así como el pago de las coberturas correspondientes. 
  5. El sostenimiento de los programas sociales con el propósito de beneficiar a los más pobres en el país, cuyo número a 2018 ascendía a 52.4 de millones de personas.  
  6. El otorgamiento de créditos por parte del gobierno federal de $25,000, con un interés de seis por ciento, a las micro y pequeñas empresas, los cuales deberán pagarse en un plazo de tres meses.

Estos dos últimos elementos, como parte de la política de economía moral o economía de bienestar, encabezada por el presidente de la República.


Todo lo expuesto hace pensar que los efectos de la actual crisis (superior a la Gran Depresión de 1929-1933) cuando menos se extenderá a lo que resta del sexenio (diciembre de 2017 a noviembre de 2023). Recordemos las estimaciones de la OPEP y los efectos de la Gran Depresión que se prolongaron en algunos países hasta 1940: conlleva a poner en duda si los ingresos del Estado mexicano serán suficientes para enfrentar las grandes obras planteadas por el presidente al inicio de su sexenio: i) el Aeropuerto de Santa Lucía, ii) el Tren Maya y iii) el Canal Interoceánico, incluso si actualmente las obras en comento serán suficientes para generar los empleos demandados por la sociedad para revertir, o al menos aliviar, la crisis en la que nos encontramos. 


Asimismo, si estas obras públicas contarán con la inversión privada, nacional y extranjera, suficiente para enfrentar las erogaciones necesarias para su realización. Sobre todo, por los mensajes de desaliento observados durante el sexenio con la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, de las rondas petroleras, la cervecera en Mexicali, Baja California, de Constellation Brands Inc., la baja en la calificación de Pemex, el retiro de fuertes cantidades de capital extranjero durante marzo y abril de 2020. 


Como siempre y como muchos mexicanos lo han expresado, todos deseamos que al presidente de la República le vaya bien, tome las mejores decisiones ante un futuro incierto, porque sólo así le irá bien a México. En este sentido, las únicas palabras de aliento derivan de la notificación de Estados Unidos para la entrada en vigor del Tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), a partir del 1 de julio de 2020. Esto le brinda certeza a una gran cantidad de empresas extranjeras operando en México y asegura el comercio entre las tres naciones, conformado también por los proveedores, consumidores industriales y finales mexicanos. 

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