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• Peter Sand, analista jefe de Xeneta, advirtió que el retorno masivo de portacontenedores al Mar Rojo en 2026 luce improbable, lo que podría mantener presión sobre capacidad, tiempos de tránsito y fletes internacionales.
La ruta de los buques que abastecen cadenas de suministro vinculadas con México podría seguir marcada por mayores tiempos de tránsito y presión en los fletes durante 2026. Así lo advirtió Peter Sand, analista jefe de Xeneta, plataforma especializada en inteligencia de fletes marítimos, al señalar que un regreso masivo de portacontenedores al Mar Rojo y al Canal de Suez este año resulta cada vez menos probable.
La declaración reconfigura las expectativas del sector naviero global, ya que confirma que las principales líneas marítimas seguirán privilegiando rutas más largas, principalmente alrededor del Cabo de Buena Esperanza, ante los riesgos persistentes en puntos estratégicos como el Bab el-Mandeb y el Estrecho de Ormuz.
De acuerdo con el análisis de Xeneta, la escalada militar en Medio Oriente terminó por reducir las posibilidades de una normalización inmediata en el Mar Rojo. Incluso alianzas navieras como la Cooperación Gemini, integrada por Maersk y Hapag-Lloyd, habrían revertido planes de retorno al Canal de Suez para mantener operaciones por la ruta africana.
El cambio no es menor. Rodear el Cabo de Buena Esperanza puede añadir entre 10 y 14 días de tránsito en rutas Asia-Europa, además de absorber capacidad global de contenedores. Esta situación impacta de forma indirecta a otros corredores marítimos, incluido el transpacífico, utilizado por empresas mexicanas para importar mercancías desde Asia.
Aunque México no depende directamente del Canal de Suez para la mayor parte de sus operaciones transpacíficas, la desviación de buques hacia rutas más largas reduce la disponibilidad de embarcaciones a nivel global y puede presionar tarifas en corredores clave como Shanghái–Los Ángeles, relevantes para cadenas de suministro que abastecen al mercado mexicano.
El mensaje de Sand es claro: la crisis del Mar Rojo dejó de ser una contingencia temporal y comienza a consolidarse como una nueva condición operativa para la industria marítima. Para importadores y exportadores mexicanos, esto implica revisar inventarios, anticipar embarques, monitorear fletes y considerar mayores tiempos de tránsito dentro de su planeación logística.
En un entorno donde la geopolítica redefine rutas comerciales, el futuro de los buques que surten a México ya no depende solo de demanda, capacidad o temporada alta, sino también de decisiones de seguridad marítima tomadas a miles de kilómetros de distancia.
FUENTE: Staff

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