
Industria manufacturera reporta pérdida de 100,000 empleos formales en doce meses
El subsector de la transformación registró una caída de poco más de 100,000 plazas formales con corte al pasado mes de abril, según cifras del
Quienes tenemos un negocio no hablamos desde la teoría. Hablamos desde la cortina que se levanta cada mañana, desde la nómina que se paga puntualmente y desde la responsabilidad de sostener empleos, familias y comunidades. No soy político ni burócrata. Soy empresario. Y desde ahí afirmo algo con claridad: la formalidad no se castiga, se construye.
En los últimos años, la carga para quienes estamos en la economía formal se ha vuelto cada vez más pesada. Impuestos locales, derechos municipales y nuevas contribuciones aparecen con facilidad, como si quienes cumplimos fuéramos una fuente inagotable de recursos. A esto se suma una realidad incómoda: la competencia desleal del comercio informal, que muchas veces se instala frente a nuestros negocios con el aval —o la omisión— de las propias autoridades, justo en las temporadas clave donde esperamos recuperar inversión, vender más y cumplir con nuestras obligaciones.
La lógica de “cobrarle más a los que ya pagan” puede parecer sencilla, pero es profundamente equivocada. Recaudar no es exprimir. Recaudar bien implica visión, planeación y justicia. Implica preguntarse cómo hacer que más personas entren a la formalidad, no cómo hacer más costoso permanecer en ella.
Existen caminos claros: mejorar la eficiencia del gasto público, ampliar la base contributiva, digitalizar procesos, simplificar trámites y combatir la informalidad con inteligencia. Porque la informalidad no es un enemigo a destruir, sino una falla estructural que atender. Es la consecuencia de un sistema que no llegó con acompañamiento, ni con opciones reales, a millones de personas.
Pretender que un artesano, un pequeño comerciante o un prestador de servicios cumpla con decenas de trámites cuando no tiene acceso estable a internet, financiamiento o asesoría es desconocer la realidad del país. Así no se construye formalidad. Así se ahuyenta.
Por eso decidimos pasar de la queja a la propuesta. Desde la experiencia de quienes vivimos la economía real, creamos la Asamblea Nacional de Empresas y Negocios Familiares G32, un espacio para generar ideas, diagnósticos y soluciones viables desde el territorio. Un espacio donde los negocios familiares, las micro y pequeñas empresas pueden participar en la construcción de políticas públicas más sensatas y efectivas.
Necesitamos un cambio de enfoque: que la formalidad sea una oportunidad atractiva, no una trampa administrativa. Que venga acompañada de microcréditos, capacitación, simplificación y apoyo real. Que formalizarse sea rentable y posible.
Hoy, el verdadero liderazgo empresarial no se limita a resistir. Implica construir, proponer y asumir responsabilidad social. Porque cada negocio formal que cierra es una historia que se pierde, y cada negocio que se fortalece desde la legalidad es una apuesta por el futuro.
Recaudar es necesario, sí. Pero hacerlo bien es indispensable. Con visión. Con responsabilidad. Con justicia.
FUENTE: Octavio de la Torre de Stéffano
Presidente de Concanaco Servytur

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