Datos, tecnología, aduanas, privados y facilitación¿se conseguirán unir definitivamente estos conceptos?

Lic. Javier Uribe Martínez


Estamos rodeados de buenas intenciones. Estamos sumidos en convenios, normas y organismos internacionales. Escribimos y declaramos siempre que lo haremos mejor y desde ya. Así ocurre en Chile y en muchos países latinoamericanos, esto es natural, diremos que evidente, pero no logramos avanzar como quisiéramos porque no cumplimos, no aplicamos ciertos compromisos, obviamos obligaciones que incluso tienen una condición internacional, no conseguimos aterrizar el foco, nos concentramos en la casuística sin visión sistémica ni integral, y se nos va el día, la semana, el mes, el año y hasta una década(s).


Y, de pronto, nos damos cuenta de que sí podemos avanzar y tomar decisiones rápidas, las cuales logramos implementar prácticamente de inmediato pero que estuvimos esperando desde hace miles de días atrás; sí, eso ha sido en parte lo que ha ocurrido con la pandemia Covid-19, un ejemplo de fuerza mayor letal y dramático que ha conseguido cambios efectivos en muchas áreas de nuestra vida personal, laboral, social, comercial, internacional, entre otras.


Para mantener y profundizar los cambios que se nos han venido encima, se requiere, una vez más, decisión, compromiso y, sobre todo, acción, que comprendan revisiones estructurales, de parte de los organismos públicos y de los privados, lo que resulta complejo, porque estamos hablando de una transformación verdaderamente cultural, donde la mente y la fuerza de la costumbre suelen resistirse a ratos en extremo. 


Puntualmente, en materias de comercio internacional y aduanera el desafío es gigante para todos los actores de la cadena, de principio a fin, pues si bien es cierto las mercancías y los servicios logran salir e ingresar regularmente entre los diversos países, la eficiencia y la seguridad de los procesos que los acompañan no pocas veces resulta ser baja. La cadena en algunas oportunidades se interrumpe, se encarece, se rompe o simplemente fracasa, sin que exista necesariamente una causa justa y razonable.


Para poder conocer por qué ocurre ello, se torna indispensable identificar brechas y nudos críticos para transitar hacia soluciones claras, reales, eficientes y eficaces que puedan mantenerse actualizadas en el tiempo. Sin pretender abordar todo lo que se pueda decir al respecto, en esta ocasión distinguiremos solo dos situaciones.


  1. La importancia del dato inteligente para las Aduanas y los privados.

Un dato sin analizar es un dato dormido, muerto. El dato está siempre, pero no se aprovecha un sin número de veces. Nos referimos a todos los datos que provienen y están asociados directa o indirectamente a una operación aduanera transfronteriza, incluyendo sus resultados.


Nos debemos preguntar para así saber lo que puedo exigir y hacer sobre múltiples perspectivas relativas a la funcionalidad del dato y su fuente. Es decir, para qué me podría servir en materia de comercio internacional, recogiendo a todos sus actores.


Un dato sistémico y bien estructurado, digitalizado, inviolable y disponible, configurado sobre plataformas que estén integradas nacional e internacionalmente, serviría especialmente a las Aduanas para mejorar sus procesos aduaneros de ingreso y salida en relación con las mercancías y también con los servicios; para medir las acciones de sus funcionarios; para mejorar la gestión del riesgo, anticipar y evaluar acciones efectivas, medir esas mismas acciones aplicadas, minimizando revisiones innecesarias, categorizar a los operadores más riesgosos, medir el desplazamiento del riesgo; para medir el retorno de sus inversiones, para optimizar recursos humanos y materiales; para evitar aplicar sanciones injustas; para provocar cambios normativos; para mejorar sus procesos sancionatorios; para integrarse con otras aduanas, ofreciendo trazabilidad completa y revisión de envíos; para hacer prospección en todo su actuar, ya sea administrativo, técnico, de control y fiscalización aduanera, aplicando IA; para determinar en forma más precisa la generación de indicadores gubernamentales más sustantivos que impulsarían un mejor actuar aduanero.


Asumiendo que los “para qué” expresados en el párrafo anterior son ciertos y útiles, ¿por qué no se avanza? Las razones son múltiples, pero destacaría que no siempre se ha entendido por los gobiernos el verdadero y poderoso rol estratégico que la Aduana representa para el comercio exterior. Muchas veces se llega hasta el Acuerdo o Tratado Comercial, sin ir más allá. Por lo mismo, existe una falta de seguimiento y medición de las acciones y resultados al interior de la Aduana, entre las Aduanas de los distintos países y dentro del sector privado. No se visualizan actividades sostenidas en el tiempo, o bien, que han nacido a propósito de un evento poderoso, pero que posteriormente se desinflan y se pierden en el espacio.


Tampoco se ha logrado entender y asumir seriamente por algunos gobiernos que el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado tienen una condición que traspasa y transgrede la frontera, donde el dato, la información contenida en las operaciones aduaneras regulares e irregulares cada día es más relevante de integrarse, incluyendo la de otros organismos de cada Estado (policías, agencias de inteligencia, etc.).


Por su parte, los privados, operadores de la cadena logística internacional podrían considerar con mayor decisión los datos e información que generan sus operaciones de comercio exterior; esto les permitiría medir y evaluar sus propias acciones y resultados, tanto a nivel individual como colectivo. Se sugiere que la obtención de resultados macro provengan de una evaluación colectiva en el contexto de una asociación gremial por operador y a nivel de cadena.


Sin embargo, en algunos casos se ha podido observar que los datos que provienen de las actividades que estos desarrollan (privados) con ocasión del comercio transfronterizo no se comparten ni registran en un consolidado general, perdiendo con ello oportunidades de mejorar sus procesos, pero que podrían servir, además, de herramienta para provocar, con fundamentos, un cambio en el proceso y norma aduanera por parte de la autoridad. 


Un ejemplo positivo: una Asociación Gremial en Chile, días atrás, solicitó al Servicio Nacional de Aduanas mantener algunas medidas puntuales dictadas con ocasión de la pandemia, ya que éstas han permitió acelerar ciertos procesos al haberse simplificado algunos procedimientos y exigencias normativas. Para tal efecto, realizaron mediciones de impacto entre sus asociados, aprovechando una serie de datos reales y comprobables. Se está a la espera del resultado final, pero sin lugar a duda generará frutos.


El dato real medido puesto sobre la mesa de la autoridad permite enmendar rumbos o perfeccionar procesos, mucho más que una sola presentación escrita que se sustenta en letras sin ofrecer números. Así debiera actuarse para provocar más cambios, sobre todo aquellos que pueden ser de nivel estructural.


El énfasis de la gestión aduanera moderna y su éxito está más que nada en el dato medido con inteligencia más que en el territorio propiamente tal.


El correcto aprovechamiento del dato permite, en consecuencia, asegurar, facilitar y agilizar el comercio internacional, para lo cual también deben tenerse en cuenta la existencia de normas internacionales que propician y exigen un mejor actuar de todos, tal como se expondrá en breve en el punto siguiente.


  1. Conocimiento y exigencia sobre las medidas de facilitación normadas internacionalmente.

Se dijo al inicio de este sucinto artículo: estamos adscritos a organismos internacionales (Organización Mundial de Aduanas y Organización Mundial del Comercio), reclamamos pertenecerles.


También ofrecemos cumplir sus normas, las que, por cierto, deben ser incorporadas por cada Estado en su legislación local. Pero no siempre lo hacemos y nos vamos quedando atrás; o bien lo hacemos, pero no las cumplimos, sin más.


Si queremos que las mercancías y servicios transiten de una manera más ágil, simple, gestionando la información como se describió en el apartado anterior, no podemos dejar de lado las normas contenidas en el Acuerdo de Facilitación Comercial de la OMC (2017), el cual, entre otro de sus propósitos, tiene como pilar superar barreras derivadas de ineficiencias y burocracia logística – aduanera.


Entre otras normas, y para que se conozcan algunas virtudes del Acuerdo, éste contempla (Capítulo 4) reglas y objetivos que apuntan, entre otros, a la automatización y simplificación de los procesos, a la utilización de tecnologías de la información y datos, mejoras en la gestión del riesgo, a la cooperación entre las Aduanas.


Entonces debemos preguntarnos, y a esto se invita, si el Estado al cual pertenezco decidió transformar en ley nacional el referido Acuerdo Internacional. Luego, preguntarnos si conocemos el contenido del Acuerdo, sus normas; a continuación, exigir conocer qué medidas y cambios concretos se han adoptado en relación con éste; si se han implementado dichas medidas y cambios para efectivamente facilitar el comercio; y, por último, cómo estas medidas están siendo monitoreadas y evaluadas. ¿Hemos hecho esto?


En CONCLUSIÓN, al aprovechamiento de la información de manera inteligente es un deber y tarea conjunta Aduana – Aduana, Aduana – Privados. Ese mejor uso de la información contribuye a dar cumplimiento al Acuerdo de Facilitación Comercial de la OMC. Por ello, resulta necesario conocer el estado actual de dicho Acuerdo al interior de cada país; ese conocimiento permitirá despertar mayores exigencias al actuar de la autoridad, lo que contribuirá a un comercio internacional más veloz, eficiente, seguro y transparente, disminuyendo extra-costos, todo lo cual irá mejorando la competitividad, incentivando la inversión, fomentando el cumplimiento voluntario de las normas y ofreciendo una mayor seguridad a la cadena.

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