Por medio del presente artículo se examina un tema de gran relevancia para la economía nacional: la inversión extranjera, entendida como un componente fundamental para medir el desempeño de un Estado tanto en el ámbito interno como en el contexto internacional. En este sentido, resulta importante destacar que la economía mexicana se beneficia ampliamente de los flujos de capital que logra captar, especialmente por su posición geográfica estratégica y por la red de acuerdos comerciales que ha suscrito con diversos países.
La inversión extranjera constituye un elemento toral para el crecimiento económico, ya que permite la entrada de capital, promueve la generación de empleos y favorece la transferencia de tecnología. Asimismo, impulsa el desarrollo de infraestructura, fortalece la competitividad del país y facilita una mayor integración de las empresas nacionales con los mercados internacionales.
Desarrollo.
La inversión extranjera significa la transferencia y colocación de capital o recursos económicos por parte de inversionistas extranjeros, que pueden ser personas físicas, morales o gobiernos, en otro país, con la finalidad de obtener ganancias o lucro. Se trata en un concepto económico clave para el crecimiento económico de una nación, pues normalmente, y con la inversión, se acompañan otros conceptos cómo son: la transferencia de tecnología, la creación de empleos y el crecimiento de infraestructura local en un país, como pueden ser: carreteras, aeropuertos, puertos, entre otros rubros.
Entre los beneficios que pueden observarse con la inversión extranjera, se tienen a saber, los siguientes aspectos:
La transferencia y colocación de capitales en otro país, lo cual, conlleva riqueza que no ha sido generada en el Estado que recibe la inversión.
Permite a los países receptores integrarse a las cadenas de suministro globales y diversificar sus economías, integrando la industria nacional con la competencia internacional.
Al generar riqueza, sobre todo en la creación de nuevas empresas, o bien, en la capitalización de estas, lo anterior, se traduce en la generación de empleo y capacitación, y mayor uso de la fuerza de trabajo local.
Transferencia de tecnología, y ello, se genera en la medida que los inversionistas extranjeros, llevan consigo nuevos conocimientos, técnicas, capacidades, máquinas y equipos, que se van acoplando en los países que reciben dicha inversión.
Desarrollo de infraestructura, y ello se traduce en sentar las bases de infraestructura básica que permita la implementación de nuevas empresas y las tecnologías que conllevan, lo cual, se observa en la necesidad de crear o actualizar, vías de tránsito, tales como carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos, así como, en el requerimiento para dotar de mayor energía –a modo de guisa, electricidad-, a las empresas según sus requerimientos.
La inversión extranjera puede realizarse bajo una adecuada explotación de los recursos naturales.
Clases de inversión extranjera.
En términos generales, la inversión extranjera puede adoptar dos formas:
1. La Inversión Extranjera Directa (IED) se caracteriza por ser una modalidad de inversión que se efectúa a mediano o largo plazo. A través de ella, se crean e instalan nuevas empresas con capital proveniente de otros países. Posiblemente, se trata de una de las formas de inversión que mayores beneficios genera, ya que permite la creación de empleos, la transferencia de tecnología y el aumento de la producción industrial y de servicios en un país.
En términos generales, se advierte que los beneficios de la IED se reflejan en toda la economía nacional. Por medio de esta, se incrementa el comercio internacional, lo cual contribuye al fortalecimiento, desarrollo y financiamiento de las empresas. Asimismo, aumenta las oportunidades de empleo, la competitividad nacional e internacional, la generación de tecnología y el grado de productividad de las empresas.
De acuerdo con la Universidad ESIC, los tipos de Inversión Extranjera Directa se traducen en:
Inversión Greenfield. Se usa para crear desde cero nuevas instalaciones o negocios en el país receptor. Por tanto, el inversor extranjero construye infraestructuras, como fábricas, oficinas o centros de investigación, que necesite para empezar a operar en un país. Las personas que trabajarán en estas instalaciones serán nacionales del país receptor y normalmente estrenarán la sede de la inversión en cuestión.
Fusión y adquisición. En este caso, la empresa extranjera adquiere una participación significativa o la totalidad de una empresa que ya existe en el país receptor. Se compran acciones o se produce la fusión con empresas locales para que el inversor extranjero pueda entrar en el mercado en alguna actividad que ya está establecida con los clientes de la zona.
Reinversión de utilidades. Ocurre cuando la empresa extranjera que ya opera en el país receptor quiere reinvertir sus ganancias en el lugar donde se ejecuta el negocio en lugar de devolverlas al país de origen. Generalmente, suelen destinarse para expandir la capacidad de producción, mejorar las infraestructuras o introducir nuevas tecnologías.
Inversión horizontal. Significa la expansión de una empresa a un país extranjero para llevar a cabo actividades similares a las que ya se dedica en el país de origen. Por tanto, sirve para aquellas empresas que tienen un producto líder en su país y quieren expandirlo a otros países de la misma forma.
Inversión vertical. Tiene lugar cuando la empresa invierte en otro país distinto del suyo para integrar su cadena de suministro. Se puede desarrollar de dos formas: hacia atrás: Invirtiendo en proveedores, y hacia delante: Invirtiendo en distribución o ventas.
Inversión conglomerada. La empresa inversora invierte en un país extranjero en un sector que no está relacionado con el negocio que desarrolla en el país de origen. Se usa para diversificar el portafolio de productos.
Brownfield. En lugar de construir desde cero, la empresa extranjera adquiere o alquila instalaciones existentes en el país receptor para rehabilitarlas y mejorarlas.
Transferencias de cuentas entre empresas. En este supuesto, se observa que las empresas pueden transferirse recursos entre sí, y también se alude a los créditos o transferencias de liquidez entre una empresa matriz y su filial en el extranjero, cuestiones que se consideran como IED.
Inversión Extranjera Indirecta (IEI). Se traduce en una inversión que se realiza a corto y mediano plazo, regularmente, al respecto, es de destacar que la inversión extranjera indirecta, también llamada como inversión de cartera o de portafolio, se genera cuando un inversionista extranjero proporciona capital para empresas o sociedades nacionales o incluso para gobiernos, con un ánimo de lucro, pero, sin buscar alcanzar el control administrativo o la gestión de estos.
Al respecto, debe indicarse que la Inversión Extranjera Indirecta no genera la creación de empresas, ni tampoco prevé el otorgamiento de transferencia de tecnología o de maquinaría, y principalmente se está en presencia de inversiones de corto o mediano plazo, esto, en cuanto a su temporalidad.
Los tipos de Inversión Extranjera Indirecta se tratan de:
a) Inversión en el Mercado de Valores (Acciones). Implica la compra de acciones de empresas extranjeras, a través de la bolsa de valores en un país.
b) Títulos de Deuda y Bonos (Gubernamentales o Corporativos). Se trata de la adquisición de bonos emitidos por gobiernos o empresas privadas foráneas.
c) Fondos de Inversión y Fideicomisos. Contempla el uso de capital extranjero que ingresa a través de intermediarios financieros –fondos, mutuos, etc.-.
La inversión extranjera en México en el 2025 y 2026.
Una vez examinado el significado de la inversión extranjera, así como sus distintas modalidades, resulta oportuno analizar la evolución que dicha inversión ha tenido en México durante los años 2025 y 2026.
Estadísticas en el año 2025.
De acuerdo con el Gobierno de México, particularmente la Secretaría de Economía, informó que, al cierre de 2025, México recibió 40,871 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa (IED), que, según se indica, se trata de la cifra más alta observada en un ejercicio anual. Este resultado implica un crecimiento de 10.8% respecto a la cifra originalmente publicada, al cierre de 2024, manteniendo así una tendencia creciente por quinto año consecutivo.